RAM vs PROA: comprender la diferencia y por qué ambos son importantes en el tratamiento de heridas

Enfermera aplicando un apósito Sorbact en el pie de una persona con una úlcera diabética.

La resistencia a los antimicrobianos (RAM) ya no es una amenaza lejana, sino una realidad cotidiana en el cuidado de las heridas. A medida que los patógenos resistentes se vuelven más frecuentes, los profesionales sanitarios se ven obligados a replantearse cómo gestionan las infecciones. En el centro de este cambio se encuentra la gestión de antimicrobianos (PROA), un marco proactivo diseñado para preservar la eficacia de los antimicrobianos y mejorar los resultados de los pacientes. Comprender la diferencia entre la RAM y la PROA y cómo interactúan es esencial para cualquier persona involucrada en el tratamiento de heridas.

Enfermera tratando una úlcera venosa en la pierna de un paciente utilizando el apósito para el cuidado de heridas Sorbact®.

El reto de la resistencia a los antimicrobianos en el cuidado de las heridas

La RAM se produce cuando microorganismos como bacterias, virus, hongos y parásitos evolucionan para resistir los efectos de los medicamentos antimicrobianos. En el cuidado de heridas, esta resistencia puede provocar infecciones persistentes, retrasos en la cicatrización y un mayor riesgo de complicaciones. Las heridas crónicas, como las úlceras venosas de las piernas y las úlceras del pie diabético, son especialmente vulnerables y a menudo se convierten en caldo de cultivo para organismos resistentes como Staphylococcus aureus (incluido el SARM), Pseudomonas aeruginosa y especies de Enterococcus¹.

A nivel mundial, se prevé que la RAM cause 10 millones de muertes al año para 2050 si no se controla². En el ámbito del cuidado de heridas, esto se traduce en estancias hospitalarias más largas, mayores costes de tratamiento y opciones terapéuticas limitadas. El uso excesivo e indebido de antibióticos, especialmente de antimicrobianos tópicos, ha acelerado esta crisis³.

Por qué PROA es más que una palabra de moda

La gestión de antimicrobianos (PROA) es la respuesta estratégica a la RAM. Abarca un conjunto de intervenciones coordinadas diseñadas para optimizar el uso de antimicrobianos, garantizando que se utilice el fármaco, la dosis, la duración y la vía adecuados para cada paciente⁴. La PROA tiene como objetivo:

  • Mejorar los resultados clínicos
  • Minimizar los efectos adversos
  • Reducir la aparición de resistencias
  • Reducir los costes sanitarios

En el cuidado de heridas, la PROA significa algo más que prescribir con prudencia. Implica una intervención temprana y una selección adecuada de los apósitos, así como una reevaluación continua de los planes de tratamiento. También fomenta el uso de intervenciones no antimicrobianas cuando es posible⁵ y la prescripción y el uso responsable de antibióticos⁶ para evitar comprometer la atención sanitaria.

RAM frente a PROA: dos fuerzas que determinan el futuro del tratamiento de heridas

Mientras que la RAM representa una amenaza creciente, el PROA ofrece una solución estructurada. Ambas están intrínsecamente relacionadas: una gestión deficiente acelera la resistencia, mientras que una gestión eficaz la ralentiza. Comprender esta dinámica es fundamental para los profesionales del cuidado de heridas.

Por ejemplo, la aplicación de antibióticos tópicos «por si acaso» puede parecer inofensiva, pero puede contribuir a la resistencia y alterar el microbioma de la herida⁷. El PROA anima a los médicos a detenerse, evaluar y elegir intervenciones que se ajusten a los protocolos basados en la evidencia.

Una enfermera sostiene un apósito Cutimed Sorbact listo para aplicar sobre una herida crónica.

Cómo la RAM está cambiando la forma en que tratamos las infecciones de heridas

Los enfoques tradicionales para tratar las infecciones de heridas suelen basarse en gran medida en antibióticos y antisépticos. Sin embargo, el aumento de organismos resistentes ha puesto de manifiesto las limitaciones de estos métodos. Las bacterias formadoras de biopelículas, por ejemplo, son muy difíciles de erradicar y a menudo requieren algo más que agentes antimicrobianos⁸.

Este cambio ha impulsado la adopción de estrategias más inteligentes y específicas, como la eliminación física de las bacterias, los apósitos avanzados para heridas y la mejora de las herramientas de diagnóstico. Estos enfoques no solo reducen el riesgo de infección, sino que también favorecen el uso racional de los antimicrobianos al minimizar la exposición innecesaria a estos fármacos⁹.

PROA en acción: relevancia práctica para el cuidado de heridas

El PROA en el cuidado de heridas no es teórico. Es muy práctico y sus estrategias clave incluyen:

  • Prevención de infecciones: uso de técnicas asépticas, apósitos con agentes no activos indicados para la infección de heridas y educación del paciente para reducir la contaminación.
  • Control de la carga biológica: supervisar los signos de infección y utilizar métodos no antibióticos para reducir la carga bacteriana.
  • Uso selectivo de antimicrobianos: reservar los antimicrobianos, incluidos los antibióticos, para las infecciones confirmadas y utilizarlos con prudencia.

La colaboración multidisciplinar es esencial. Las enfermeras, los médicos, los farmacéuticos y los especialistas en control de infecciones desempeñan cada uno su papel en la aplicación de la gestión. Juntos, pueden crear protocolos que equilibren la eficacia con la sostenibilidad, garantizando que los pacientes reciban la mejor atención sin contribuir a la crisis de resistencia¹⁰.

La administración comienza con la concienciación.

La RAM y el PROA son dos caras de la misma moneda: una es una amenaza creciente y la otra es un principio rector. En el cuidado de las heridas, donde el riesgo de infección es alto y las decisiones de tratamiento son complejas, es fundamental comprender ambas. Al adoptar el PROA, los médicos pueden proteger a sus pacientes, preservar la eficacia de los antimicrobianos y contribuir a un futuro más sostenible en la atención sanitaria.

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Referencias

  1. European Wound Management Association (EWMA). Antimicrobial Stewardship in Wound Care. 2022. [link]

  2. O’Neill J. Tackling Drug-Resistant Infections Globally: Final Report and Recommendations. 2016. [link]

  3. World Health Organization. Global Action Plan on Antimicrobial Resistance. 2015. [link]

  4. CDC. Core Elements of Hospital Antibiotic Stewardship Programs. 2019.

  5. International Wound Infection Institute (IWII) Wound Infection in Clinical Practice. Wounds International. 2022 [link]

  6. Blackburn, J., Ousey, K., Rippon, M., Rogers, A., Pastar, I., & Lev-Tov, H. (2025). Applying antimicrobial strategies in wound care practice: A review of the evidence. International Wound Journal, 22(5), 1234–1248. [link]

  7. NICE. Antimicrobial Prescribing Guidelines for Skin and Soft Tissue Infections. 2020.

  8. Bjarnsholt T. The Role of Bacterial Biofilms in Chronic Infections. APMIS. 2013. [link]

  9. Leaper D et al. Appropriate Use of Antimicrobials in Wound Management. JWC. 2017. [link]

  10. WHO. Toolkit for Antimicrobial Stewardship in Healthcare Settings. 2021. [link]